
_____Habrá quien no, pero yo recuerdo a la perfección cómo me aficioné a la Historia. Corría el año 1978, sólo se veía la Primera en televisión - por estos lares no se comenzó a ver la Dos hasta bien pasado 1982-, y se estrenó una serie, tenía sus correspondientes dos rombos, que yo vi con la cabeza por los pies de mi cama a través de la rendija de la puerta que daba al salón. Este truco no me duró todo lo que hubiese deseado porque, a raíz de una conversación entre mi abuelo y mi madre y una duda sobre el nombre del caballo de Calígula, que yo aclaré sin percatarme de lo que estaba haciendo, mi abuelo me sonsacó con una sonrisa cómo demonios sabía aquello, y claro, confesé ante la cara de perplejidad de mi madre.